Carta
de un acosado
El
Periódico de Extremadura
11.11.2001
Chema
Álvarez Rodríguez
El acoso moral en el trabajo.
Una reciente encuesta elaborada por la Universidad de Alcalá de Henares,
titulada 'Violencia en el entorno laboral' refleja que el 11,44% de
los trabajadores españoles se consideran víctimas del acoso laboral.
Otro informe realizado en el mismo sentido por la OIT manifiesta que
el sector más afectado es el de la administración pública.
Estos estudios describen a los causantes de tal acoso y violencia psicológica
como un "psicópata, mediocre profesional que no experimenta sentimientos
de culpa y funciona por envidias y complejos, una persona que en ocasiones
actúa amparado por una mala organización de la empresa".
En cuanto a la víctima, hablan del daño psicológico que le provoca,
con consecuencias referentes a la pérdida de autoestima, adquisición
de enfermedades de carácter psicosomático e incluso casos de suicidio.
Por haberlo vivido en mi propia piel sé lo que es el acoso moral en
el trabajo.
Una reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura
anula por no resultar ajustada a derecho una falta grave que en su día
me fue impuesta cuando trabajaba en calidad de ordenanza interino en
el Ayuntamiento de Cáceres.
A raíz de esta falta grave y después de un expediente viciado en su
proceso por conveniencia política, tal y como expresa la sentencia,
renuncié a presentarme a las oposiciones de mi plaza, a sabiendas de
que el presidente del tribunal de oposición sería la misma persona que
había sancionado dicha falta, esto es, el actual alcalde de Cáceres.
De resultas me fui al paro.
Quien ha sido expedientado sabe lo que se siente, sobre todo cuando
ciertos compañeros se apartan de tu lado como si fueras un apestado
o cuando se le sigue el juego a quien de modo déspota y ruin trata de
imponer sus equivocados criterios de organización favoreciendo intereses
personales a veces ocultos de ciertos personajillos en la sombra.
En mi caso tuve la suerte de recibir el apoyo de una sección sindical
bien organizada y de algunos compañeros que, a pesar de las presiones
ejercidas contra ellos, me dieron su apoyo y comprensión.
Ahora la Justicia me ha dado la razón, y por ello desde aquí animo
a todas aquellas personas que sean víctimas de actuaciones de este tipo
a que se enfrenten a ellas y las denuncien, a fin de que quienes las
provocan dejen de ampararse en el silencio y el aislamiento de sus víctimas.
CHEMA ÁLVAREZ RODRÍGUEZ
Montijo