Psicoterror
laboral
El Pais Setiembre
2001. No
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JUANA SÁNCHEZ MONTERO (UGT, PSOE)
Secretaria del Comité de Empresa del
Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra (Sevilla)
Según el estudio realizado
por la Universidad de Alcalá de Henares, un 11,4% de los españoles son
víctimas de acoso laboral o mobbing. Esto quiere decir que 1.671.956
trabajadores, lo que equivale aproximadamente a todos los habitantes
de Sevilla y su provincia, se levantan cada mañana sabiendo que la destrucción
de su imagen profesional y social, el impedirle realizar el trabajo
que les gusta y consiguieron con esfuerzo, la humillación, el aislamiento,
el deterioro de las relaciones familiares, la incomprensión de los compañeros
y amigos, etcétera, les esperan durante todo el día y las pesadillas,
en que vuelven a repetirse las humillaciones sufridas, le impedirán
dormir la noche siguiente.
Y esto durante meses o
años hasta que el deterioro físico y psicológico les lleve a solicitar
el despido, la baja laboral, o el cambio de su puesto a otro, impuesto
por la empresa, donde todo se volverá a repetir.
¿Cómo es posible que en
la sociedad actual en la que se defienden los derechos humanos y laborales
se pueda dar esta situación? Sólo hace falta una víctima que reacciona
ante el autoritarismo de un superior y no se deja avasallar, personas
brillantes y empáticas, con una gran vocación por el trabajo que realizan,
con situaciones personales y familiares altamente satisfactorias y un
gran sentido de la justicia.
Por otro lado hay que contar
con la precariedad laboral, una mala organización en la empresa que
permita comportamientos fascistas, un grupo que apoye el acoso y un
hostigador principal con una serie de rasgos patológicos que le empujan
a destruir a aquellas personas que poseen unos valores que ellos no
tienen: mediocres profesionales, manipuladores, oportunistas, con una
doble personalidad que les permite simular, mentir compulsivamente,
y que niegan el sufrimiento que provocan en la víctima, achacándole
a ésta todos los problemas.
El acosador necesita para
su impunidad del secretismo por la vergüenza que sufre el trabajador
al no poder explicar las formas sutiles de humillación que sufre diariamente
y los testigos mudos, compañeros que miran para otro lado por miedo
o porque ven una forma de ascender.
Siguiendo las recomendaciones
de la UE, algunos países están aprobando leyes que impidan este asesinato
psicológico. En mayo pasado lo hizo Francia penalizando con hasta un
año de cárcel y 2,5 millones de pesetas a los acosadores.
En España los sindicatos,
grupos políticos y los profesionales en Salud Laboral han conseguido
que el problema se conozca y que el 19 de junio pasado el Senado, por
unanimidad, aprobara instar al Gobierno a modificar la ley y adoptar
las medidas para evitarlo.