La
moneda social.
Deia 23.08.2002
Beatriz Reoyo Tomás
Psicoanalista.
‘‘Es pobre pero honrado’’. Antes se decía eso de alguien, en realidad
no hace tanto tiempo. Uno podía ser pobre pero lo que importaba era
ser honrado, ganarse la vida trabajando.
El trabajo,
la honradez, eran palabras que portaban un valor.
Nadie añora
esos tiempos, ni mucho menos la escasez, las penurias, la estrechez
económica. Los tiempos han cambiado un poco, al menos de momento, pero
se trata de ver en qué han cambiado las palabras ya que con el psicoanálisis
aprendemos a dar cuenta de ello.
¿Por qué
el trabajo, la honradez aparecen como palabras que han perdido gran
parte de su valor?
¿Por qué
ya no se consideran tan fundamentales en la vida de alguien?
Porque
la palabra valorada es la palabra riqueza. Y todo el mundo sabe que
nadie se hace rico trabajando.
Estas pequeñas
cosas que se dan por obvias, tienen su importancia pues forman parte
del discurso que ordena lo social.
El carácter
social del trabajo, el hecho de ser campo de los vínculos sociales,
pasa a un segundo término. Lo que cuenta es el ganar dinero en la aspiración
de hacerse rico.
Esto puede
llegar hasta el punto de que aquel que gana dinero piense que su familia
lo va a querer, que sus amigos le apreciaran, que todo está de acuerdo,
que se puede sentir útil y satisfecho.
En cambio,
si se le plantea el no ganar dinero, la imagen que tiene de sí mismo
se empieza a deteriorar ya que la imagen no coincide con lo que encuentra
de ella en la sociedad.
Es decir,
que la ordenación social es importante porque el reflejo de sí mismo
está en el otro, en ese otro que lo circunda, en ese otro de las relaciones
sociales. Como también alcanza a la polémica generada por el tema del
paro, donde se infunde la sospecha de que la gente no quiere trabajar.
La misma
sospecha que pesa sobre los llamados prejubilados o sobre los que aceptan
indemnizaciones, que les corresponden, ante una situación de despido
en el trabajo.
Es curioso
que incluso algunos de los que han dejado un trozo de su vida en defender
derechos para los trabajadores, caigan en esta sospecha. Se llega a
dudar de que si en realidad no aprovechan la coyuntura para sacar un
poco de dinero.
Son ejemplos
del estilo que se va filtrando en la relación con el otro, ese estilo
de la sospecha, de la desconfianza y de tomarlo en la inautenticidad.
Cuyo aspecto
más feroz lo vemos, por momentos, cristalizado en crispación y violencia
implícita. Resultado, quizá, del rechazo de aquello que está referido
al respeto y a la distancia simbólica, y a una política del legado,
la memoria y las generaciones. Las palabras cambian y tienen sus efectos
tanto para uno mismo como en la relación con los otros.
Ésas son
las dos caras de la moneda, de la moneda social.
Beatriz
Reoyo Tomás es psicoanalista
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