Nevenka estaba sola, pero ustedes
no.
Luchy Núñez
Escritora
Metro 16.06.2002
Desde que escribí una columna de psicoterror laboral (19 de abril)
no he parado de recibir e-mails, créanme. Hoy, domingo 11 de junio,
acabo de abrir en mi correo electrónico dos más.
Los tengo clasificados por sugerencias, acusaciones y ruegos. Un lío
de papeles amontonados por el sofá, la mesa de trabajo, el suelo. Me
rasco la cabeza y no sé por dónde empezar, como no sea sacando mi pañuelo
desde esta orilla.
Porque la sensación que tengo es que ustedes me hacen señales desde
la otra orilla, sin comunicarse entre sí, y yo, con mi columnilla, poco
puedo hacer, como no sea vocear que no están solos, que son legión,
que no se ignoren.
Voy al grano: de todas las cartas que he recibido no hay ni una que
no esté de acuerdo conmigo. Nadie se ha molestado por mi opinión.
Me agradecen el artículo y que haya salido en defensa de los funcionarios
que sufren el psicoterror laboral. Incluso los que no son funcionarios
me sugieren que escriba también sobre el acoso laboral en las empresas
y me exponen su caso o el de algún compañero.
Hay muchas personas, por desgracia demasiadas, que sufren un acoso
laboral sistemático, doloroso y humillante.
En el caso de los funcionarios abunda más en la Administración local,
es decir ayuntamientos, diputaciones y consejos comarcales. En las empresas
se practica más en las que podríamos clasificar de “públicas”.
El acoso moral no distingue sexos ni categorías. Guardo un buen puñado
de quejas y confidencias de altos cargos de la Administración (Grupo
A). Algunos aportan dossieres completísimos que ponen los pelos de punta.
Aun así, son más numerosos los casos de la escala administrativa y
subalterna y, desde luego, la palma se la llevan las mujeres.
Desconozco si en la empresa escuchan las sugerencias del defensor del
pueblo cuando éste toma cartas en un caso claro de ‘mobbing’, pero en
la Administración se pasan por el forro al defensor del pueblo.
Guardo dos fotocopias de cartas en donde el Síndic de Greuges de Catalunya
insta a una diputación y a un ayuntamiento a que lleve a cabo cierto
cambio de actitud hacia un funcionario por considerar que se están pisoteando
sus derechos, y las corporaciones aludidas no hacen ni pito caso.
Es decir, en los cotos cerrados, predios, cortijos o masías que son
las administraciones locales se avasalla con la impunidad que presta
un reglamento anticuado, obsoleto e inhumano. Y el defensor del pueblo
es un cero a la izquierda.
Y así debe considerarse él, cuando rubrica una carta de la que transcribo
textualmente: “Mis recomendaciones no han sido aceptadas por la Diputación
de...”
Todos los lectores que me han escrito dejan traslucir un temor oscuro
y utilizan un lenguaje críptico que me ha tenido un tiempo asustada
y pensando si yo misma iba a meterme en una maraña de venganzas.
Por un lado me animan a que escriba sin pelos en la lengua y me tildan
de valiente, aunque temen por mí y les inspiro compasión, y por otro
me ruegan que guarde el anonimato de sus confidencias, que ni siquiera
nombre sus corporaciones. Incluso por razones de “seguridad” algunos
escriben con pseudónimo.
Desde esta orilla, veo que cada uno de ustedes va resignado con su
dolor y su humillación a cuestas a fichar mañana tras mañana en la ranura
de su dignidad, completamente aislado, sin darse cuenta de que son legión.
¿Por qué no se envalentonan? ¿Por qué no se unen entre ustedes y presentan
denuncias conjuntas de lo que pasa en las administraciones? No duden
de que pronto se podrá tipificar y legislar el acoso moral en el trabajo.
Gracias a personas como Nevenka, los chulos de pacotilla van cayendo,
pero ¿han pensado en el fiscal de las narices, mayorcito él, cuánto,
cuantísimo daño habrá causado a personas que no han tenido el arrojo,
las posibilidades, la cultura y el apoyo de Nevenka?
Ella está sola, pero ustedes, desde aquí se lo digo, son ciento y la
madre. Ánimo.
lnunez@altanet.org