MOBBING
El Periódico
Carmen Bandrés
Gracias a la mayoría del PP, el Congreso de los Diputados ha retrasado
la regulación del psicoterror laboral o acoso moral del trabajador.
Los jefes inseguros --con la cooperación de compañeros envidiosos e
insolidarios-- gozarán todavía de una relativa impunidad para atentar
contra sus víctimas mediante técnicas tan refinadas como la privación
de información relevante para su ejercicio profesional, el aislamiento
material y afectivo, el desprestigio, descalificación e, incluso, amenazas
y agresiones físicas, verbales o sexuales.
La competitividad mal entendida es, sin duda, un factor clave que
alimenta el acoso psicológico, única defensa de quien carece de argumentos
reales para mantener sus inmerecidos privilegios y oprimir a aspirantes
con mejor formación.
Frente a la rivalidad leal, el mobbing representa el triunfo de la
injusticia y de la felonía; la zancadilla alevosa, vil y perversa...
Para las víctimas, además del deterioro de expectativas profesionales,
pérdida de autoestima, depresión y graves consecuencias que minan su
salud.
Ya vigentes en Francia y Suecia, las medidas legislativas no bastan,
pero son imprescindibles.
*Escritora